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Es...

Se miraron a los ojos sin decirse nada.

- Tendremos que aceptarlo. - pensaron los dos.

Todos los padres, cuando esperan un hijo, temen esto en algún momento. Todos saben lo que conlleva. Todos saben que significa.

- Lo mirarán con otros ojos – dijo ella.

Desde el inicio partirá con desventaja.

- No podemos ocultarlo, todos nuestros amigos lo verán. – dijo él, resignado.

Les mirarán a los ojos sin decirles nada, “Tenéis que cargar con ello”, pensarán. Después se sentirán afortunados cogiendo a sus hijos en brazos, porque ellos han tenido suerte. Buscarán una guardería que lo acepte, pero retrasarán su incorporación tanto como puedan. Intentarán ocultarlo, habrá que seleccionar a sus amigos, los cumpleaños a los que asista... tarde o temprano se darán cuenta y ellos lo saben. Tendrá que luchar más que el resto, tendrá que demostrar que también puede.
A medida que se haga mayor, sus amigos verán que no es igual que ellos. Tienen la esperanza que para entonces ya puedan haberlo solucionado.

- Existen medicamentos, terapias y tratamientos. Son muy caros pero tendremos que hacerlo. – se dicen.

Tendrá problemas para encontrar pareja. Muchos acaban con otro como ellos. Entre ellos se aceptan.

Es pelirroja.

ÉL, ÉL Y SIEMPRE ÉL... O YO

- ¡Que no me sigas! ¡Suéltame! -
... y apagué la luz.

EL BOTE

Enhorabuena a todos los náufragos rescatados de la inmensidad del océano por este pequeño bote. Estaréis sorprendidos de haber sido rescatados sin haber naufragado con anterioridad, pero yo os sacaré de dudas como de la deriva en la que os encontráis. Pretendemos protegernos con salvavidas desconociendo que si el mar decide acabar con nosotros, no tendremos ninguna opción de salvarnos. Remamos hacia una dirección y fijamos nuestra mirada en el horizonte, allí donde el mar se une con el cielo. Olvidamos que el océano, en cualquiera de sus caprichos, puede acabar con nuestra embarcación y convertirnos en náufragos ahogados. Y en el mejor de los casos llegaremos hasta el horizonte y presenciaremos incrédulos que tras él no hay más que otro horizonte. Así pues la salvación no es llegar hasta él sino remar sabiendo que siempre encontraremos otro.

5 CONSEJOS PARA FOTOGRAFIAR EL AMANECER EN LA PLAYA


1. Déjatelo todo listo la noche anterior.

Estos son los síntomas si no has realizado este punto correctamente:

- Entras 10 veces en la misma habitación, a por los pantalones cortos, el trípode, la bolsa, la cámara, la funda de la cámara, el cable de descarga de la cámara...

- Cuentas y recuentas si lo llevas todo, las llaves el coche, las llaves de casa, el móvil, el Pc... coño! la cámara!

- Y lo más significativo... llegarás al parking y te darás cuenta que te has dejado la toalla :-s

2. Llévate una linterna.

Para fotografiar el amanecer, es aconsejable llegar con antelación al lugar escogido. Eso significa que si aún no ha salido el sol... no hay luz. Al menos hasta que inventen rocas rompeolas fluorescentes.

Estos son los síntomas si no has realizado este punto correctamente:

- No verás un pijo.

3. Hazte con una tarjeta de memoria con mucha capacidad.

Cuando el sol asoma por el horizonte cada segundo es clave y puedes ver entre foto y foto como el sol va alzándose rápidamente. Cada segundo pasado es una foto perdida. Así pues necesitas estar preparado y con una tarjeta que te permita no preocuparte de la memoria porque harás muchas fotos (más aún si necesitas una calidad considerable).

Estos son los síntomas si no has realizado este punto correctamente:

- Te cagas en las rocas y en su put@#~~#€ cada vez que tienes que salir corriendo a descargar las fotos al Pc (que tienes guardado en el maletero del coche).

- Te das cuenta que por mucho que saltes e intentes animar al put|@#~ windows para que acelere la descarga de las fotos, el windows te ignora (recomendable llevar un ordenador de la NASA para acelerar el proceso).

- Te Re-cagas en las mismas rocas de vuelta.

4. Llévate más de una toalla.

Has de tener en cuenta que acabarás sacándote la chaqueta, dejarás la bolsa de la cámara en el suelo (arena, roca...), trípode, en algún momento la cámara... y harás fotos a nivel de suelo. Una vez allí te darás cuenta que "...no hay espacio para todos en esta toalla...".

Estos son los síntomas si no has realizado este punto correctamente:

- Si te haces el machote y eres tu el que se queda sobre la toalla, luego el resto de objetos te harán recordar que han estado en la arena. Si por el contrario cedes... te acuerdas tu solo.

5. Alquila un traje de neopreno (el más importante).

La playa se compone de un 10% de arena y un 90% de mar... (Sólo esto ya debería de valerte) pero si a esto le añades que quieres fotografiar un libro en la orilla, como si el mar lo hubiese posado en la arena... corres el riesgo que el propio mar quiera recuperarlo.

Estos son los síntomas si no has realizado este punto correctamente:

- Puedes ver incrédulo como el mar decide empezar a aprender Alemán y se lleva el libro ("El Mar es sabio", dicen algunos, como mínimo le gustan los idiomas)... entonces esta bien que lleves puesto el traje. En su defecto deberás sacarte el calzado, los pantalones y salir corriendo desesperadamente hacía el mar viendo como el libro te dice adiós con una de sus empapadas hojas. Como "Aprender Alemán es fácil" no hace ningún tipo de esfuerzo por volver a la orilla, eres tu el que tienes que darte prisa si no quieres acabar nadando en toda regla... entonces te acuerdas de una variante del primer síntoma del punto 3. ("Te cagas en las rocas y en su put@#~@ cada vez que tienes que salir corriendo...") ... esta vez en las submarinas.

Desde el paseo se detienen 3 señoras mayores que ven como hoy, en su paseo diario, ven a un tipo con las manos en alto, gritando y haciendo chiquito, con el agua hasta la cintura, sin meta aparente...

Una vez lo alcanzas... te acuerdas de la variante del tercer síntoma del punto 3 ("Te Re-cagas en las mismas rocas de vuelta").

Al llegar a la orilla, dejas el libro en la arena, lejos del alcance del mar por sí le ha quedado algún capítulo sin leer y buscas a Pamela Anderson para que te reanime de cintura para abajo... ... ... ... ... cuando aceptas que no va aparecer empiezas a botar y a correr por la playa para entrar en calor. Rápidamente vuelves a las fotos porque el sol no te ha esperado...

Desde ese momento es recomendable ir moviendo los dedos de los pies y de vez en cuando volverte para contarlos y asegurarte que siguen ahí.

La sesión fotográfica acaba cuando el temblor de las manos hace que el libro quede fuera de la foto.

P.D: Llega un momento que el agua esta más caliente que tus pies... a modo de recuperación, aconsejo volver a meterlos en el agua y posteriormente caminar un poco por el paseo para volver a sentirlos.

¿QUE HE HECHO? (Versión 2.0)

Lleno mis pulmones de aire… aguanto la respiración…cierro con fuerza el ojo izquierdo… alargo y tenso los brazos… agudizo la vista… intento calmar las pulsaciones, sin éxito… noto como una gota de sudor nace en mi frente, recorre mi cara y muere en mis labios… localizo el objetivo… pero las pulsaciones me impiden mantenerlo fijo. Bajo el arma, cierro los ojos y respiro hondo.

Me encuentro en una trinchera. A mi derecha, hay un soldado gritando de desesperación. Tiene la cara llena de lágrimas y llora como si de un bebe se tratase. Esta encogido y temblando. Es incapaz de moverse del miedo que siente. Abraza el arma con ambos brazos como si su vida dependiera de ello, como si eso le protegiera. No tiene nada más a lo que aferrarse. Cree que si no la suelta, no morirá. Su cara solo muestra sufrimiento.

Unos metros a mi izquierda se encuentra otro soldado boca-arriba, gritando. Una granada de mano le ha arrancado el brazo. Varios chicos de la compañía intentan sujetarlo, pero parece tener la fuerza de cinco hombres. Se mueve de un lado a otro, como si eso le calmara el dolor. Su brazo no cesa de escupir sangre a chorros y la garganta parece que le va a estallar. En su cara solo hay sufrimiento.

De fondo, el silbido de las balas que pasan cerca de mi, las ráfagas de las ametralladoras y el estruendo de los cañones. Es como una orquesta…La Orquesta del Horror.

Centro la mirada en mi rifle. Lo agarro de nuevo y lo alzo hasta la altura de los ojos. Vuelvo a apuntar al objetivo. Es un hombre. Se encuentra medio camuflado en lo alto de un árbol. La densidad del follaje lo hace confundirse entre las hojas. Lo tengo justo en la mirilla. Aguanto la respiración…coloco el dedo en el gatillo… apunto… el sobresalto de una explosión cercana me hace cerrar los ojos y contraer el dedo...

Pasan unos segundos antes de ver como el cuerpo es sacudido por el impacto de la bala. Cae sin vida, golpeándose entre las ramas. Los brazos flácidos se agitan de un lado para otro. Finalmente, su cabeza queda bajo su cuerpo, boca-abajo, sobre unas rocas donde va creciendo una mancha oscura bajo él.

Me tiemblan las manos. Entonces pierdo el control de mi mente. Pienso en mi mujer, en mis hijos y les pido perdón, les pido perdón una y otra vez. Siento dolor, un dolor interno.

Miro el rifle, y lo dejo caer golpeando el suelo con dureza.

No se porque estoy luchando, no se por quien estoy luchando, no se que hago aquí, ni quien ha decidido que esté. Solo se que todos los que estamos aquí, queremos irnos. La conciencia no tiene piedad y veo a mis hijos y mi esposa…¡¡Dios mío!!…¿¿¡¡Que he hecho!!??…

¿QUE HE HECHO?

Lleno mis pulmones de aire… aguanto la respiración…cierro con fuerza el ojo izquierdo… alargo y tenso los brazos… agudizo la vista… intento calmar las pulsaciones, sin éxito… noto como una gota de sudor nace en mi frente, recorre mi cara y muere en mis labios… localizo el objetivo… pero las pulsaciones me impiden mantenerlo fijo. Bajo el arma, cierro los ojos y respiro hondo.

Me encuentro en una trinchera. A mi derecha, hay un soldado gritando de desesperación. Tiene la cara llena de lágrimas y llora como si de un bebe se tratase. Esta encogido y temblando. Es incapaz de moverse del miedo que siente. Abraza el arma con ambos brazos como si su vida dependiera de ello, como si eso le protegiera. No tiene nada más a lo que aferrarse. Cree que si no la suelta, no morirá. Su cara solo muestra sufrimiento.

Unos metros a mi izquierda se encuentra otro soldado boca-arriba, gritando. Una granada de mano le ha arrancado el brazo. Varios chicos de la compañía intentan sujetarlo, pero parece tener la fuerza de cinco hombres. Se mueve de un lado a otro, como si eso le calmara el dolor. Su brazo no cesa de escupir sangre a chorros y la garganta parece que le va a estallar. En su cara solo hay sufrimiento.

De fondo, el silbido de las balas que pasan cerca de mi, las ráfagas de las ametralladoras y el estruendo de los cañones. Es como una orquesta…La Orquesta del Horror.

Centro la mirada en mi rifle. Lo agarro de nuevo y lo alzo hasta la altura de los ojos. Vuelvo a apuntar al objetivo. Es un hombre. Se encuentra medio camuflado en lo alto de un árbol. La densidad del follaje lo hace confundirse entre las hojas. Lo tengo justo en la mirilla. Aguanto la respiración…coloco el dedo en el gatillo…apunto…

Pasan unos segundos antes de ver como el cuerpo es sacudido por el impacto de la bala. Y cae, sin vida, golpeándose entre las ramas. Los brazos flácidos se agitan de un lado para otro. Finalmente, su cabeza queda bajo su cuerpo, boca-abajo, sobre unas rocas donde va creciendo una mancha oscura bajo él.

Me tiemblan las manos. Entonces pierdo el control de mi mente. Pienso en mi mujer, en mis hijos y les pido perdón, les pido perdón una y otra vez. Siento dolor, un dolor interno.

Miro el rifle, y lo dejo caer golpeando el suelo con dureza.

No se porque estoy luchando, no se por quien estoy luchando, no se que hago aquí, ni quien ha decidido que esté. Solo se que todos los que estamos aquí, queremos irnos. La conciencia no tiene piedad de mi y hace que mi mente me muestre mis hijos y mi esposa…¡¡Dios mío!!…¿¿¡¡Que he hecho!!??…

Al despiste

Son las 9 de la noche, llevo conduciendo 1 hora, y ha oscurecido. Va siendo hora que me deshaga de este coche porque no acaba de ser el idóneo para intentar despistar a nadie. Mi intención es parar en el primer motel de carretera, bar, o lo que sea, que disponga de una zona de aparcamiento donde meter un cambiazo... antes lo pienso y antes aparece.

A la derecha, un cartel luminoso de color verde y parpadeante, anuncia el motel "Road". A medida que me acerco, veo que su aspecto no puede favorecerme más. De las cuatro farolas que tiene la zona de aparcamiento sólo funciona una y el resto, en el mejor de los casos, estan fundidas. La oscuridad me facilitará mucho la tarea de cambiar de coche porque cuesta diferenciar si hay alguien entre los vehículos. Reduzco la velocidad y apago las luces del Mustang para intentar pasar desapercibido. Dejo el coche al lado de una de las farolas en peor estado. Los pocos chicos de la zona la han utilizado de diana para afinar su puntería. Permanezco en el interior del coche durante unos segundos observando el lugar y veo que al otro lado de la carretera hay un bar-restaurante que parece ser parada de todos los camioneros. En el exterior, seis o siete camiones esperando a que sus dueños acaben de cenar y de tomarse la cerveza antes de continuar su camino. En ese momento llega una camioneta vieja y pequeña que tapa su carga con unas mantas. Aparca entre dos grandes camiones y apaga las luces. El conductor, de unos 65 años se dirige al interior del restaurante y se sienta en una de las mesas.

Esa camioneta me gusta, pero en esta ocasión no la robaré. Voy hacía el otro lado de la carretera en dirección a la camioneta, ayudándome de los grandes camiones y de las sombras para no ser visto. Al llegar desato las cuerdas que sujetan las mantas.

- Sacos de patatas. ¡Perfecto! -

Empujo algunos sacos para hacerme sitio y evitar que destaque mi cuerpo al taparme. Coloco la bolsa con el dinero del Restaurante, la 9 mm y... esto sigue tratándose de huir... vuelvo al otro lado de la carretera, al aparcamiento del "Road" y busco alguna motocicleta. Allí están, una al lado de la otra aparcadas junto a la entrada de las habitaciones.

- ¡Vaya, vaya, mirar que motos destacan sobre las demás!-

Dos Harley-Davidsons gemelas. El deposito, color negro, refleja la única bombilla superviviente, un gran faro redondo, dos retrovisores, asiento de cuero y cuatro tubos de escape. Mucha gente pagaría una pasta por subirse a una moto como esta. Justo antes de agarrarla me detengo...un problema... tiene unas barras antirrobo grandes como mi brazo y no hace falta que os diga que no llevo ningún soplete, ni cizalla con la que pueda cortarlas. Una lástima porque le hubiera dado un buen susto a su dueño. No me queda otro remedio que coger la moto que se encuentra a su derecha. Esta no tiene ningún tipo de cadena antirrobo y entenderéis enseguida porque su dueño prescinde de ellas. Las ruedas son tres veces más delgadas que la Harley, la anchura del depósito hace 4 veces menos que el de su compañera, el faro roto, el tubo de escape agujereado, el color desgastado y un asiento del que empiezan a asomarse trozos de espuma.

Arranco el único retrovisor que tiene y lo tiro al suelo. Empiezo a empujar la moto en dirección a la parte trasera del motel. Ahora que esta el retrovisor en el suelo y el mustang en el aparcamiento es hora de esconderla.

En la parte trasera del motel hay los restos de dos coches de los que queda la carrocería y poca cosa más. Están colocados sobre montículos de ladrillos, sin ruedas, ni cristales, ni asientos, ni puertas, ni volante... A poca distancia, unas cuantas cajas de madera mal amontonadas y un gran montón de bolsas de basura. Acerco la moto y la tumbo en el suelo. La rodeo con las cajas de madera y empiezo a amontonar todas las bolsas de basura hasta que queda completamente tapada. Después del esfuerzo, el dolor en las costillas vuelve y me recuerda la poca agilidad que tuve en el restaurante. Si me lo hubieran explicado todo antes de venir, me hubiera apuntado al gimnasio.

Me vuelvo hacia la camioneta y veo el dueño que continúa sentado, con los cubiertos en la mano y una jarra de cerveza sobre la mesa, así que subo a la parte trasera y me tapo con las mantas.

Esperaba ganar algo de tiempo mientras buscaban un hombre en motocicleta. Al menos a la policía porque ellos no saben que nunca he montado en moto.

Capítulo 2 - La Llegada (1er día) (versión 2.0)

Os preguntaréis cómo he podido llegar a esta situación límite, viéndome "obligado" a robar un bar de carretera y huyendo con un Mustang rojo. He de decir que nunca he cometido ningún delito, bueno, nunca antes de robar este Mustang del 67 que ahora conduzco y del atraco al bar de carretera del que he salido algo precipitado sin pagar la cuenta.
Dejémonos de rodeos y vayamos al grano, situémonos 3 días atrás...

Me encontraba en el interior de un taxi de color blanco. Se detuvo frente a uno de los mejores hoteles de Las Vegas. Incliné ligeramente la cabeza e intenté alcanzar con la vista las últimas plantas del hotel, pero me fue imposible. "The Mirage", era su nombre. El aspecto era magnífico, los destellos del sol se reflejaban de ventana en ventana como si compitieran entre ellas. Al bajar del taxi, avancé con pasos cortos hacia la entrada, algo inseguro. Era totalmente de cristal, la puerta, con bordes dorados que brillaban tanto o más que la fachada. No me atreví a tocarla con las manos y dejar mis huellas, así que opté por ayudarme del antebrazo. Una vez dentro me dirigí hasta recepción.

- Buenos días! Bienvenido al Hotel "The Mirage". ¿Su nombre por favor?-
- Mmmm... Peak... señor... Peak.- Evidentemente utilicé un nombre falso.
-Sí, aquí tengo su reserva. Su habitación es la 318. Enseguida le subirán las maletas, esperamos que se divierta durante su estancia en "The Mirage"-
-Gracias, yo también lo espero.-

Mientras, me acerqué al casino del hotel. Imaginaros lo que encontré al entrar en el casino. Cientos de máquinas tragaperras, una al lado de la otra, creando pasillos interminables, llenas de luces parpadeando, al tiempo que pitaban y anunciaban sus premios. Podías encontrarlas de todos los tamaños y temáticas, colores y sonidos, todas relucientes y en formación. En el suelo, una alfombra de un color cobre y estampados a juego con el decorado del techo. Columnas de mármol color rojizo y bordes dorados, los mismos que rodeaban las mesas brillando como si de oro puro se tratase. De fondo el continuo ruido de la multitud de personas yendo de un lugar a otro, pidiendo cartas, animando al nervioso que lanzaba los dados, al afortunado que recogía las fichas... de fondo el hilo musical, que apenas podías intuir.
Tras saborear mis primeros pasos en el Casino, y digo primeros porque fueron cuatro pasos exactamente, me dirigí a mi habitación a deshacer las maletas y disponerme a disfrutar de mi semana de vacaciones.
La habitación era más bien pequeña con unas cortinas rosadas que reducían la intensidad de la luz exterior, dos pequeñas mesas de noche a cada lado de la cama con idénticas lamparitas. En frente de la cama y colgada de la pared, una enorme pantalla plana... el aspecto de la habitación no me importaba mucho, no había venido por el hotel.

Capítulo 2 - La Llegada (1er día)

Os preguntareis como he podido llegar a esta situación límite, viéndome "obligado" a robar un bar de carretera y huyendo con un Mustang rojo. He de decir que nunca he cometido ningún delito, bueno, nunca antes de robar este Mustang del 67 que ahora conduzco y del atraco al bar de carretera del que he salido algo precipitado sin pagar la cuenta.
Dejémonos de rodeos y vayamos al grano, situémonos 3 días atrás...

Me encontraba en el interior de un taxi de color blanco. Se detuvo frente a uno de los mejores hoteles de Las Vegas. Incliné ligeramente la cabeza e intenté alcanzar con la vista las últimas plantas del hotel, pero me fue imposible. "The Mirage", era su nombre. El aspecto era magnífico, los destellos del sol se reflejaban de ventana en ventana como si compitieran entre ellas. Al bajar del taxi, avancé con pasos cortos hacia la entrada, algo inseguro, como si fuese a estorbar en aquel lugar. Era totalmente de cristal, la puerta, con bordes dorados que brillaban tanto o más que la fachada. No me atreví a tocarla con las manos y dejar mis huellas, así que opté por ayudarme del antebrazo. Una vez dentro me dirigí hasta recepción.

- Buenos días! Bienvenido al Hotel "The Mirage". ¿Su nombre por favor?-
- Mmmm... Peak... señor... Peak.- Evidentemente utilicé un nombre falso.
-Sí, aquí tengo su reserva. Su habitación es la 318. Enseguida le subirán las maletas, esperamos que se divierta durante su estancia en "The Mirage"-
-Gracias, yo también lo espero.-

Mientras, me acerqué al casino del hotel. Os podéis imaginar lo que encontré al entrar en el casino. Cientos de máquinas tragaperras, una al lado de la otra, creando pasillos interminables, llenas de luces parpadeando, al tiempo que pitaban y anunciaban sus premios. Podías encontrarlas de todos los tamaños y temáticas, colores y sonidos, todas relucientes y en formación. En el suelo, una alfombra de un color cobre y estampados a juego con el decorado del techo. Columnas de mármol color rojizo y bordes dorados, los mismos que rodeaban las mesas brillando como si de oro puro se tratase. De fondo el continuo ruido de la multitud de personas yendo de un lugar a otro, pidiendo cartas, animando al nervioso que lanzaba los dados, al afortunado que recogía las fichas... de fondo el hilo musical, que apenas podías intuir.
Impresionado después de mis primeros pasos en el Casino, y digo primeros porque fueron cuatro pasos exactamente, me dirigí a mi habitación a deshacer las maletas y a disfrutar de mi semana de vacaciones.
La habitación era más bien pequeña con unas cortinas rosadas que reducían la intensidad de la luz exterior, dos pequeñas mesas de noche a cada lado de la cama con idénticas lamparitas. En frente de la cama y colgada de la pared, una enorme pantalla plana... no me importaba mucho, no había venido por el hotel.

Capítulo 1 - El Restaurante (4º Día) - Versión 2.0

¡Noto como caen los cristales sobre mi espalda! Estoy agachado tras un sofá de color oscuro, del que van saltando grandes plumas cada vez que recibe uno de los disparos que van en mi busca. Noto el empuje del sofá en cada uno de los impactos como si fuese incapaz de detener esos pequeños proyectiles. Empiezo a sentirme acorralado y busco una salida del restaurante. A mi derecha hay unos 20 metros hasta una puerta de cristal que esta aparentemente cerrada, no es una buena opción, son 20 metros de tiro al blanco de los que no quiero ser protagonista, y eso esperando que se pudiera abrir al llegar hasta ella. A mi izquierda hay únicamente 10 metros, pero lleno de sillas y mesas tiradas por el suelo después de toda la estampida anterior. Es difícil pensar que conseguiré llegar hasta la salida sin caer al suelo o tener que detenerme...
Todo ocurrió muy rápido, apenas tuve tiempo ni de coger la bolsa de plástico con el dinero del restaurante.

- "Será algo sencillo y rápido". - pensé mientras detenía el coche junto a la carretera.

Tampoco tuve mucho tiempo, la poli seguramente me seguía de cerca y necesitaba conseguir algo de dinero fácil. Entré en el restaurante, era estrecho pero largo, a mi derecha quedaba la barra del bar que desde la entrada hasta el final habría unos 40 metros y con 5 camareros en su interior. Al final de la barra una sala grande, en donde me encontraba ahora entre los silbidos de las balas, con el comedor. Me acerqué sin dudarlo a la caja del restaurante, suponiendo que habría más dinero que en la del bar. Sin querer llamar la atención les mostré el cañón de la 9mm que llevaba bajo la gabardina y les susurré que metieran el dinero de la caja en una bolsa de plástico negra. Mientras colocaban el dinero, me giré levemente para observar que la gente no se había percatado de lo que sucedía. Seis mesas estaban ocupadas, de las cuales cinco seguían comiendo, pero la familia más cercana a una de las puertas se apresuraba a levantarse y salir del restaurante. Supongo que la larga gabardina negra y desgastada invirtió el efecto de intentar pasar desapercibido. Era una gabardina vieja con síntomas de haber vivido muchas experiencias y por su aspecto no parecía que hubieran sido muy agradables. Tenía marcas de roces en los codos, hombros y algún que otro pequeño corte, todo esto unido a este color grisáceo debido al desgaste daba la impresión que la acababa de recoger del container de la esquina. Me volví hacía el chico que estaba acabando de poner el dinero en la bolsa, esta si que era negra, a pesar de la situación estaba tranquilo y eso me gustaba, era señal de que nadie notaría nada raro, creo que se alegraba de que robara el restaurante. Parecía no encontrarse muy a gusto en aquel lugar y seguro que en aquel mismo instante estaban pasando por sus manos más dinero del que ganaría en tres meses. El brazo de aquel chico se detuvo en seco. Alcé la vista y vi como fijaba la mirada en la puerta de entrada que quedaba a mi espalda, tras unos segundos de pausa volvió a prestar atención a los billetes. Giré la cabeza unos 90º a mi izquierda y pude ver como una pareja de policías se sentaba en la mesa que hacia un minuto aquella familia había dejado libre al huir del restaurante. Di un paso lateral a mi izquierda para tapar la visión que los polis podrían tener del cajero. La cosa se había puesto fea pero aún podría salir sin levantar sospechas y tener el tiempo suficiente para alcanzar mi coche.

"Es suficiente". - le dije al chico de caja.

Cuando me di la vuelta, la suerte se me había acabado. Pude ver como uno de los polis se encontraba fuera del restaurante hablando con la familia que anteriormente ocupaba la mesa. Giraron sus cabezas para mirarme y nuestras miradas se encontraron. Entonces sí que la cosa se puso fea. En unos segundos analicé la situación para decidir que debía hacer...

Teniendo en cuenta donde me encuentro en estos momentos, no parece que escogiera la mejor opción. Fue un error desenfundar el arma, aún sin tener la intención de utilizarla, pues hizo que los dos polis entraran rápidamente con el arma en mano y dándome el alto. ¿Que como llegué detrás del sofá? No importa mucho, un golpe con una mesa, una caída en plancha... el resultado, un fuerte golpe en las costillas y este sofá. Tengo a uno de los policías localizado detrás de la barra pero me preocupa no saber donde esta su compañero, estiro el cuello para intentar ver tras las sillas y mesas que hay tiradas en el suelo pero no puedo ver a nadie. El Bar se ha quedado vacío y el murmullo típico de estos lugares se ha convertido en un silencio sepulcral entrecortado por los agudos silbidos de los disparos.
No tengo muchas opciones para salir de ésta, así que con mi mano izquierda sujeto la bolsa del dinero y me presiono firmemente el costado derecho, donde tengo el fuerte dolor en las costillas y con la derecha empuño la 9 mm. Uno... dos... ¡joder! ¡vale! bien pensado, mejor no me presiono el costado... uno... dos... ¡tres! me levanto y empiezo a correr disparando hacia atrás, apoyando el arma sobre mi hombro y sin apartar la mirada de la puerta. ¿Parece una locura verdad?, pues lo es porque empiezan a pasarme los disparos de los dos "amigos" por encima de mi cabeza. Me agacho lo máximo que puedo intentando no perder velocidad y cuando faltan unos pocos metros para llegar a la puerta uno de los proyectiles que iban dirigidos hacia mi se encuentra con la puerta de cristal haciéndola pedazos creando un ensordecedor ruido. Me protejo la cara con el brazo derecho para evitar los cristales que vuelan sobre mí, como mínimo esto me facilita la huida, y paso sin detenerme sobre los restos de la puerta hacia mi coche, un Mustang Convertible del 67 de color rojo. Sí, lo se, no es un coche para pasar desapercibido pero fue el primero que vi y el que pude coger en mi huida inicial, os lo contaré en cuanto haya salido de esta situación, palabra. Nada más pasar los restos de la puerta me doy media vuelta, alzo los brazos en forma de victoria y veo como los dos policías siguen apuntándome con sus armas. Uno tras la barra y el otro ahora se protege detrás de lo que queda del sofá que momentos antes había acribillado con la intención de alcanzarme. A unos metros de mi coche se encuentra el coche de mis "amigos" como si estuviera vigilando el Mustang. Al pasar por al lado le disparo en una de sus ruedas para evitar que me sigan y ganar algo de tiempo, sin esperar más, salto al interior de mi coche y salgo pisando a fondo levantando una gran nube de polvo. Una vez tomada la carretera y habiendo dejado a distancia el restaurante me aseguro que no me sigan, levanto el pie del acelerador e intento relajarme. Miro la aguja de la gasolina y veo que no he de preocuparme, el deposito esta casi lleno, así que conduzco hasta el anochecer. Ahora, a preocuparme de mis costillas...

Capítulo 1 - El Restaurante (4º Día)

¡Notaba como caían los cristales sobre mi espalda! Estaba agachado tras un sofá de color oscuro, del que iban saltando grandes plumas cada vez que recibía uno de los disparos que iban en mi busca. Notaba el empuje del sofá en cada uno de los impactos como si fuese incapaz de detener esos pequeños proyectiles. Empezaba a sentirme acorralado y comencé a buscar una salida por el restaurante. A mi derecha había unos 20 metros hasta una puerta de cristal que estaba aparentemente cerrada, no era una buena opción, eran 20 metros de tiro al blanco del que no quería ser protagonista y luego esperando que se pudiera abrir al llegar hasta ella. A mi izquierda había únicamente 10 metros, pero lleno de sillas y mesas tiradas por el suelo después de toda la estampida anterior. Era difícil imaginar que llegaría hasta la salida sin caer al suelo o tener que detenerme...
Todo ocurrió muy rápido, apenas tuve tiempo ni de coger la bolsa de plástico con el dinero del restaurante.

- "Será algo sencillo y rápido". - pensé mientras detenía el coche junto a la carretera.

Tampoco tenía mucho tiempo, la poli seguramente me seguía de cerca pero necesitaba conseguir algo de dinero fácil. Entré en el restaurante, era estrecho pero largo, a mi derecha quedaba la barra del bar que desde la entrada hasta el final habría unos 40 metros y con 5 camareros en su interior. Al final de la barra una sala grande, en donde me encontraba ahora entre los silbidos de las balas, con el comedor. Me acerqué sin dudarlo a la caja del restaurante, suponiendo que habría más dinero que en la del bar. Sin querer llamar la atención les mostré el cañón de la 9mm que llevaba bajo la gabardina y les susurré que metieran el dinero de la caja en una bolsa de plástico negra. Mientras colocaban el dinero, me gire levemente para observar que la gente no se había percatado de lo que sucedía. Seis mesas estaban ocupadas, de las cuales cinco seguían comiendo, pero la familia más cercana a una de las puertas se apresuraba a levantarse y salir del restaurante. Supongo que la larga gabardina negra y desgastada había invertido el efecto de intentar pasar desapercibido. Era una gabardina vieja con síntomas de haber vivido muchas experiencias y por su aspecto no parecía que hubieran sido muy agradables. Tenia marcas de roces en los codos, hombros y algún que otro pequeño corte, todo esto unido a este color grisáceo debido al desgaste daba la impresión que la acababa de recoger del container de la esquina. Me volví hacía el chico que estaba acabando de poner el dinero en la bolsa, ésta si que era negra, a pesar de la situación estaba tranquilo y eso me gustaba, era señal de que nadie notaría nada raro, creo que se alegraba de que robara el restaurante. Parecía no encontrarse muy a gusto en aquel lugar y seguro que en aquel mismo instante estaban pasando por sus manos más dinero del que ganaría en tres meses. El brazo de aquel chico se detuvo en seco. Alcé la vista y vi como fijaba la mirada en la puerta de entrada que quedaba a mi espalda, tras unos segundos de pausa volvió a prestar atención a los billetes. Giré la cabeza unos 90º a mi izquierda y pude ver como una pareja de policías se sentaba en la mesa que hacia un minuto aquella familia había dejado libre al huir del restaurante. Di un paso lateral a mi izquierda para tapar la visión que los polis podrían tener del cajero. La cosa se había puesto fea pero aún podría salir sin levantar sospechas y tener el tiempo suficiente para alcanzar mi coche.

"Es suficiente". - le dije al chico de caja.

Cuando me di la vuelta, la suerte se me había acabado. Pude ver como uno de los polis se encontraba fuera del restaurante hablando con la familia que anteriormente ocupaba la mesa. Giraron sus cabezas para mirarme y nuestras miradas se encontraron. Entonces sí que la situación empezaba a ser crítica. En dos segundos analicé la situación para decidir que debía hacer...

Teniendo en cuenta donde me encuentro en estos momentos, no parece que escogiera la mejor opción. Fue un error desenfundar el arma, aún sin tener la intención de utilizarla, pues hizo que los dos polis entraran rápidamente con el arma en mano y dándome el alto. ¿Que como llegué detrás del sofá? No importa mucho, un golpe con una mesa, una caída en plancha... el resultado, un fuerte golpe en las costillas y este sofá. Tengo a uno de los policías localizado detrás de la barra pero me preocupa no saber donde esta su compañero, estiro el cuello para intentar ver tras las sillas y mesas que hay tiradas en el suelo pero no puedo ver a nadie. El Bar se ha quedado vacío y el murmullo típico de estos lugares se ha convertido en un silencio sepulcral entrecortado por los agudos silbidos de los disparos.
No tengo muchas opciones para salir de ésta, así que con mi mano izquierda sujeto la bolsa del dinero y me presiono firmemente el costado derecho, donde tengo el fuerte dolor en las costillas. Con la derecha empuño la 9 mm y después de contar hasta tres me levanto y empiezo a correr disparando hacia atrás, apoyando mi arma sobre mi hombro y sin apartar la mirada de la puerta. ¿Parece una locura verdad?, pues lo es porque empiezan a pasarme los disparos de los dos "amigos" por encima de mi cabeza, me agacho lo máximo que puedo intentando no perder velocidad y cuando faltan unos pocos metros para llegar a la puerta uno de los proyectiles que iban dirigidos hacia mi se encuentra con la puerta de cristal haciéndola pedazos creando un ensordecedor ruido. Me protejo la cara con el brazo derecho para evitar los cristales que vuelan sobre mí, como mínimo esto me facilita la huida, y paso sobre los restos de la puerta sin detenerme en dirección a mi coche, un Mustang Convertible del 67 de color rojo. Sí, lo se, no es un coche para pasar desapercibido pero fue el primero que vi y el que pude coger en mi huida inicial, os lo contaré en cuanto haya salido de esta situación, palabra. Nada más pasar los restos de la puerta me doy media vuelta, alzo los brazos en forma de victoria y veo como los dos policías siguen apuntándome con sus armas. Uno tras la barra y el otro ahora se protege detrás de lo que queda del sofá que momentos antes había acribillado con la intención de alcanzarme. A unos metros de mi coche se encuentra el coche de mis "amigos" como si estuviera vigilando el Mustang. Al pasar por al lado le disparo en una de sus ruedas para evitar que me sigan y ganar algo de tiempo, sin esperar más salto al interior de mi coche y salgo pisando a fondo levantando una gran nube de polvo. Una vez tomada la carretera y habiendo dejado a distancia el restaurante me aseguro que no me sigan, reduzco la velocidad he intento relajarme. Miro la aguja de la gasolina y veo que no he de preocuparme, el deposito esta casi lleno, así que conduzco hasta el anochecer...