EL BOTE
EL TREN DE LA VIDA
Quan naixem, pugem al tren i ens trobem a algunes persones que creiem que sempre ens acompanyaran en aquest viatge. Lamentablement no sempre és així, alguns baixaran en alguna estació deixant-nos orfes del seu afecte, amistat i la seva companyia irreemplaçable. No obstant, això no impedeix que pugin altres persones que també esdevindran especials per nosaltres i ens acompanyaran en el camí.
De les persones que agafen aquest tren, n’hi haurà que només l’agafaran per fer un passeig, baixant a la següent estació, i altres circularan sempre amb nosaltres en el mateix tren, potser no sempre en el mateix vagó, però sempre a prop perquè durant el viatge puguem arribar fins on són ells només recorrent els diferents vagons.
Molts, quan baixaran, deixaran una enyorança permanent; alguns una tristesa transitòria, i altres passen tan desapercebuts que ni tant sols ens adonem que han deixat lliure el seu seient.
No té importància, el viatge s’ha de fer de totes maneres: ple de reptes, somnis, fantasies, alegries, esperes, comiats, somriures i llàgrimes.. això sí, el tren no s’atura, segueix avançant, al seu ritme, cap al seu destí.
Cada un dels passatges fa del viatge un moment especial. En algun moment del trajecte ens ajudaran, ens distreuran, ens entendran, ens ensenyaran, ens comprendran, o senzillament ens faran somriure, reflexionar, somniar…
El gran misteri, en definitiva, és que no sabrem mai en quina estació baixarem, i encara menys a quina baixaran aquells que ens acompanyen. I aquest misteri és el que fa que aquest viatge esdevingui emocionant, apassionant, excitant...
I Quan baixi del tren, sentiré nostàlgia? Crec que sí, segur que sí!
Separar-me d’alguns dels amics que vaig fer durant el viatge serà dolorós, deixar el tren que em va portar fins on sóc avui m’entristirà, i sobre tot, veure com s’allunya el tren des de l’andana…
Però m’aferro a l’esperança de que agafaré un altre tren, i que en algun moment, arribaré a l’estació principal on sentiré la gran emoció de retrobar-los, i sobre tot de veure’ls arribar amb un equipatge que no tenien quan els vaig conèixer. El que em farà feliç serà pensar que vaig col·laborar perquè els seu equipatge creixés, que esdevingués cada dia més valuós perquè això significarà que la meva estància en aquell tren va valdre la pena.
Ara he pujat en un altre tren, no sé quina és la seva destinació però no m’importa, perquè sóc feliç. M’assec en un seient i miro el paisatge encisador que transcorre per la finestra, sento la nostàlgia de canviar de tren i una llàgrima em rellisca per la galta. Noto l’escalfor d’una mà que es posa sobre la meva, sento la tendresa d’una ma amiga que em diu No pateixis, sóc aquí. Em giro i ets allà, asseguda al meu costat, sempre al meu costat.
De tots els passatgers del tren, n’hi ha molt pocs que estiguin sempre al teu costat, que t’acompanyin allà on tu vagis, que no canviïn ni de vagó ni de tren, que t’omplin la maleta de meravellosos moments compartits i que t’ajudin a transportar la maleta de la memòria...
I tu, Leila, ets una d’elles.
5 CONSEJOS PARA FOTOGRAFIAR EL AMANECER EN LA PLAYA
1. Déjatelo todo listo la noche anterior.
Estos son los síntomas si no has realizado este punto correctamente:
- Entras 10 veces en la misma habitación, a por los pantalones cortos, el trípode, la bolsa, la cámara, la funda de la cámara, el cable de descarga de la cámara...
- Cuentas y recuentas si lo llevas todo, las llaves el coche, las llaves de casa, el móvil, el Pc... coño! la cámara!
- Y lo más significativo... llegarás al parking y te darás cuenta que te has dejado la toalla :-s
2. Llévate una linterna.
Para fotografiar el amanecer, es aconsejable llegar con antelación al lugar escogido. Eso significa que si aún no ha salido el sol... no hay luz. Al menos hasta que inventen rocas rompeolas fluorescentes.
Estos son los síntomas si no has realizado este punto correctamente:
- No verás un pijo.
3. Hazte con una tarjeta de memoria con mucha capacidad.
Cuando el sol asoma por el horizonte cada segundo es clave y puedes ver entre foto y foto como el sol va alzándose rápidamente. Cada segundo pasado es una foto perdida. Así pues necesitas estar preparado y con una tarjeta que te permita no preocuparte de la memoria porque harás muchas fotos (más aún si necesitas una calidad considerable).
Estos son los síntomas si no has realizado este punto correctamente:
- Te cagas en las rocas y en su put@#~~#€ cada vez que tienes que salir corriendo a descargar las fotos al Pc (que tienes guardado en el maletero del coche).
- Te das cuenta que por mucho que saltes e intentes animar al put|@#~ windows para que acelere la descarga de las fotos, el windows te ignora (recomendable llevar un ordenador de la NASA para acelerar el proceso).
- Te Re-cagas en las mismas rocas de vuelta.
4. Llévate más de una toalla.
Has de tener en cuenta que acabarás sacándote la chaqueta, dejarás la bolsa de la cámara en el suelo (arena, roca...), trípode, en algún momento la cámara... y harás fotos a nivel de suelo. Una vez allí te darás cuenta que "...no hay espacio para todos en esta toalla...".
Estos son los síntomas si no has realizado este punto correctamente:
- Si te haces el machote y eres tu el que se queda sobre la toalla, luego el resto de objetos te harán recordar que han estado en la arena. Si por el contrario cedes... te acuerdas tu solo.
5. Alquila un traje de neopreno (el más importante).
La playa se compone de un 10% de arena y un 90% de mar... (Sólo esto ya debería de valerte) pero si a esto le añades que quieres fotografiar un libro en la orilla, como si el mar lo hubiese posado en la arena... corres el riesgo que el propio mar quiera recuperarlo.
Estos son los síntomas si no has realizado este punto correctamente:
- Puedes ver incrédulo como el mar decide empezar a aprender Alemán y se lleva el libro ("El Mar es sabio", dicen algunos, como mínimo le gustan los idiomas)... entonces esta bien que lleves puesto el traje. En su defecto deberás sacarte el calzado, los pantalones y salir corriendo desesperadamente hacía el mar viendo como el libro te dice adiós con una de sus empapadas hojas. Como "Aprender Alemán es fácil" no hace ningún tipo de esfuerzo por volver a la orilla, eres tu el que tienes que darte prisa si no quieres acabar nadando en toda regla... entonces te acuerdas de una variante del primer síntoma del punto 3. ("Te cagas en las rocas y en su put@#~@ cada vez que tienes que salir corriendo...") ... esta vez en las submarinas.
Desde el paseo se detienen 3 señoras mayores que ven como hoy, en su paseo diario, ven a un tipo con las manos en alto, gritando y haciendo chiquito, con el agua hasta la cintura, sin meta aparente...
Una vez lo alcanzas... te acuerdas de la variante del tercer síntoma del punto 3 ("Te Re-cagas en las mismas rocas de vuelta").
Al llegar a la orilla, dejas el libro en la arena, lejos del alcance del mar por sí le ha quedado algún capítulo sin leer y buscas a Pamela Anderson para que te reanime de cintura para abajo... ... ... ... ... cuando aceptas que no va aparecer empiezas a botar y a correr por la playa para entrar en calor. Rápidamente vuelves a las fotos porque el sol no te ha esperado...
Desde ese momento es recomendable ir moviendo los dedos de los pies y de vez en cuando volverte para contarlos y asegurarte que siguen ahí.
La sesión fotográfica acaba cuando el temblor de las manos hace que el libro quede fuera de la foto.
P.D: Llega un momento que el agua esta más caliente que tus pies... a modo de recuperación, aconsejo volver a meterlos en el agua y posteriormente caminar un poco por el paseo para volver a sentirlos.
QUIEN JUZGA, QUIEN DECIDE (VERSIÓN DINOSAURIO)
Quise comprobarlo y por eso estoy aquí, tocando el violín en esta concurrida esquina.
“Su música es el lenguaje de los sentimientos”, decían los periódicos. “Insuperable”
Los dedos, rígidos por el frío, crujen como si se quejasen.
Lo he descubierto gracias a ella.
Acaba de pasar con un andar decidido, atropellado. Corpulenta, pelo rubio rizado en media melena informe. Se ha encontrado con las notas que fluyen de mi violín y las ha despreciado, como si espantase una nube de moscas.
La otra noche pagó casi doscientas liras para asistir a mi concierto en el Albert Hall. Primera fila. Vestido azul verdoso. La recuerdo porque aplaudía exageradamente y gritó “bravo” hasta ponerse roja. Parecía entusiasmada.
Al acabar el concierto, por un momento, pensé –la seducción de la mentira complaciente- que Sandro tenía razón y era mi música lo que la había emocionado.
Y ahora sé que no.
Esta sucia acera –el asfalto húmedo a mis pies, la funda del violín abierta como un pájaro desplumado- no es un patio de butacas pero estoy interpretando el mismo repertorio que en los conciertos.
Si yo fuera, como dicen los diarios, “el mejor violinista del mundo”, los transeúntes se detendrían a escucharme. Pero me ignoran. Uno incluso me ha rozado mientras chillaba hablando por el móvil.
Al verla he pensado que por lo menos ella sabría apreciar mi música, como hizo –¿como hizo?- la otra noche. Aunque sólo fuera porque hoy, por esta vez, es gratis.